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I. El viernes, mientras me dirigía al trabajo se me cruzó por la calle una anciana que mendigaba . Nada nuevo, aparentemente , teniendo en cuenta que me hallaba en el centro de Barcelona . El primer impulso fue pasar de largo , de la misma forma que lo hacía el resto de la gente. Pero algo, quizás el aire desorientado y realmente cansado de la anciana me hizo retroceder . Quizás porque en lugar de vestir de un negro engañoso que unas manos jóvenes delataban , vestía de color, con prendas que recordaban las de las antiguas zíngaras, sobre una piel ajada . Quizás porque era demasiado temprano para pedir . Quizás porque pese a estar en un lugar céntrico no era calle de mucho paso . Quizás porque en lugar de esperar , buscaba . Como fuera, me sustraje a mi postura de no dar dinero a quienes piden con horario laboral , la de no favorecer a las mafias que hacen de la caridad su negocio , la de entender que la pobreza no es un problema que se pueda dejar en manos de la voluntad y la caridad si no una cuestión de orden político y social. Saqué unas monedas sin mirar demasiado cuántas y se las di . Al ver lágrimas en sus ojos , vacié el monedero y le entregué las monedas que quedaban . Con ademanes de agradecimiento , dijo “merci”, me cogió la mano entre las suyas y me la besó . Puedo jurar que no fue adulación . Me fui rápidamente con un enorme sentimiento de vergüenza . Creo que el total de monedas que llevaba no llegaba a cinco euros .

Y a mí me había besado la mano una anciana necesitada por menos dinero de lo que nos cuesta limpiarnos el culo durante un mes.

Enseguida pensé que debiera haberle dado también el resto del dinero que llevaba , un billete de diez euros , que debiera haber intentado hablar con ella, preguntarle , quizás haberla acompañado a algún servicio social donde la atendieran . Pero no hice nada de eso . Seguí mi avergonzado camino hacía la angustia , hacia el sufrimiento por lo que en el fondo no se trata más que de puñeteras banalidades . Para seguir ¿ quizás ? manteniendo la posición de aquellos a quienes besan la mano por poco más de cuatro euros . Los euros de la vergüenza.

Quiero pensar que un día esta lucha que me parece a veces tan absurda servirá REALMENTE de algo.

II. Ayer observaba abstraída a través del gran ventanal de un café . Observaba cómo cambiaba el color del mar a medida que se ponía el sol , cómo la luz, hechicera bajo el influjo del astro más cercano y vulnerable , se transformaba en prodigio .

Y observaba a la gente : la que estaba fuera , en la terraza, la que pasaba . Estuve observando largo rato y me di cuenta de que en todo ese tiempo no había visto a nadie que pareciera infeliz, nadie discutiendo, o con el ceño fruncido, con el semblante triste, enfermo o necesitado . Todo eran conversaciones relajadas , amenas, miradas, compañía, complicidad , niños y risas , paseos, promesas para la noche … Tuve la sensación de que hay lugares, como aquel , que están hechos para que la gente sea feliz, y que la gente de forma inconscientemente, quiere serlo cuando va o está en un sitio así . Y pensé también que hay lugares, en cambio , que sólo existen para que la gente sea infeliz, lugares que se convierten en el infierno de la gente , como Gaza , que acudió a mi mente tras leer las últimas noticias .

III. Hoy he leído – no recuerdo en qué periódico – que el nivel de riqueza en Estados Unidos está aumentando con gran rapidez en los últimos meses , gracias al surgimiento de numerosas fortunas personales y al aumento de otras, que han contribuido considerablemente a que el PIB del país se esté disparando . Supongo que de forma paralelamente inversa al paulatino empobrecimiento y hundimiento del PIB en Irak .
Enhorabuena . Después de todo lo están consiguiendo .

No sé qué es lo que hace a cada uno merecedor de estar en un lado u otro , de tener en nuestras manos los euros – o dólares – de la vergüenza . Lo intento, pero aún no he podido averiguarlo . Ni entenderlo .

Por decir algo : creo que Dios debe andar bastante despistado.

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