Skip navigation

Category Archives: Leer

Libros : un refugio

Todos los niños comienzan su proceso de aprendizaje de la lectura reconociendo en primer lugar las vocales . En mi caso no fue así . La primera letra que yo aprendí a reconocer fue la S . Aún así, ello no está relacionado con el nombre de mi blog, más producto de la casualidad , de la prisa y de la asociación de ideas que de la voluntad y la búsqueda propiamente dichas . Tampoco comencé en la clase, si no en el patio, a la hora del recreo . Ni me enseñó ” la señorita “, si no una niña de mi edad .

Por problemas de salud, precisamente con la vista , yo comencé a ir a la escuela más tarde que el resto de los niños . No hice el parvulario, al contrario que mis hermanos, y empecé el cole con los seis años cumplidos, ya avanzado el primer curso de la EGB .

Era gueña . Desde que tenía un par de años comenzó a notárseme un estrabismo en la mirada que no se corregía con los parches alternados de uno a otro ojo . Afortundamente a mi madre, contra la que tanto descargo en otros aspectos, no se le escapaba ni una . Se dio cuenta enseguida y a pesar de que las vecinas decían que eran manías me llevó al oculista ( antes se llamaba así, en lugar de oftalmólogo ) así que el problema se pudo controlar de forma temprana. A los tres años me tuvieron que poner gafas, aquellas tan feas que se llevaban por los sesenta y largos . Sólo había un modelo . Tengo grabada una imagen de forma indeleble en mi corazón y mi cerebro : la primera vez que entre en casa con las gafitas puestas mi padre estaba esperándome en cuclillas, en el umbral de la puerta con los brazos abiertos, a la espera de que corriera a ellos, con una enorme sonrisa en la boca y esa mirada de trozo de pan que le caracteriza.

A los pocos meses me tuvieron que operar de ambos ojos . Y ya estaba previsto que a los seis años debían operarme otra vez y hasta que eso no sucediera yo no podía ir a la escuela ni forzar la vista , pero valió apena .

Por eso, la primera vez que fui al cole , aparte de pasarme la mañana llorando , que aunque tenía seis años yo también tenía que pasar ese trámite, me di cuenta de que yo era la única de entre todos mis compañeros que no sabía a leer . Aquella niña del patio tenía un cuento en las manos cuya lectura quería compartir conmigo .

– ¿ No sabes leer ? – me dijo
– No
– Pues yo te enseño : mira, esta es la “S” .

Después de la S vinieron otras consonantes: la P, la M … no recuerdo más . La primera vocal fue la O . Evidentemente no aprendí a leer de forma tan expeditiva. Aprendí en clase , o mejor, saltando de clase en clase a medida que iba avanzando , de forma bastane rápida por cierto, hasta llegar en pocas semanas a la que por edad me correspondía . Finalmente acabé aburriéndome en el aula . Hay que ver, con lo tonta que me he hecho después. Pero ese es otro cantar . Lo cierto es que intuí enseguida la importancia de leer para ser como los demás niños, en aquel entorno nuevo para mí, así que aquella primera serpentinilla sin significado alguno , se quedó grabada a fuego en mi mente .

Y tras años de aburrimiento, sola en casa mientras mis hemanos estaban en el colegio, se abrió para mí un mundo apasionante, cuya puerta mágica era la lectura.

Enseguida empecé a pedir cuentos : Marta, Enriqueta, El espejo de la ira , Pinocho … Y luego, libros coleccionables para niños . Los primeros, con siete años, las historias de Judith en el Zoo, que me provocaban carcajadas incontrolables que contagiaban a toda la familia, aunque no tenían ni puñetera idea de qué me reía .

Y hasta hoy, a lo largo de temporadas más o menos fértiles, con el reconocimiento de haber perdido en los últimos años buena parte de mi capacidad de concentración , con la certeza de no haber aprovechado como debía – desde un punto de vista intelectual – mi pasión, pero con el mismo amor por eso que aún sigue siendo para mi, un refugio : leer.